jueves, 20 de enero de 2011

Morir no es el fin.

Un día la señora Esperanza se detuvo en su patio a pensar en el futuro que le esperaba y admirar el paisaje tan bello que la rodeaba. Claro está que no le quedaba mucho tiempo de vida, pero el solo hecho de pensar que había  vivido cosas tan maravillosas , la hacía  feliz.
El brillo de las montañas y el delicado aire que se presentaba eran un perfecto complemento para sus pensamientos, comenzando así una especie de rodaje sobre su vida,viendo los romances que tanto la hicieron llorar y que tanto la hicieron feliz, viendo como su aspecto iba madurando con el tiempo, que ese rostro angelical y ese cuerpo envidiable se habían gastado.Pero ya no le importaba eso ya que sus logros la hacían sentirse exitosa y conforme consigo misma. Además ella estaba segura de que su "viejo" la estaría esperando en el cielo para darle un abrazo tan fuerte que le llegaría a romper su delicados huesos.
Pero algo detuvo por un segundo sus pensamientos y comenzó a notar que las montañas se tornaban grises y que el aire se volvía denso. Fue así como de un momento a otro todo se puso negro y dejó de avanzar. Era el fin, ella lo sabía pero no lo temía. Tenía claro quien había sido y lo que había hecho, así que se dijo: ¿A qué he de temerle?.Su seguridad era admirable y digna de un ser como ella, es por ello que todo lo oscuro se evaporo al presentarce la figura de un hombre que tomó su mano y se la llevó camino a su nueva vida.

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